Viri Ríos
Hace unos días “The Economist” publicó un texto plagado de imprecisiones sobre la economía mexicana.
Hoy escribo los errores que propagó...
Y reflexiono sobre por qué es culpa de los equipos de comunicación de presidencia👇🏽
The Economist desinforma sobre las razones por las cuales la economía mexicana no crece y nadie dentro del gobierno de Sheinbaum ha logrado explicarle. De tres equipos y medio de comunicación que existen (i.e. Alfonso Brito, Jesús Ramírez, Paulina Silva y el esfuerzo de Ebrard), ni uno pudo evitar que la semana pasada la revista británica esparciera imprecisiones graves sobre México entre inversionistas internacionales.
La salida más cómoda es atribuir esto a la postura ortodoxa de The Economist.
La realidad es que el error debe encontrarse en casa: el gobierno no tiene un esfuerzo real y profesional para influir en la prensa internacional.
Los equipos de comunicación del ejecutivo están más ocupados posicionando a sus candidatos presidenciales para 2030 o creando influencers y youtubers para el consumo local, que implementando una estrategia que tranquilice a los mercados y transmita el enorme potencial que tiene México por la sustitución de manufactura China
No es difícil identificar en qué se equivoca The Economist, ni lo es encontrar economistas reconocidos que pudieran dar cuenta de ello.
The Economist erra al decir que la informalidad es la principal causa del bajo crecimiento económico. Como ha mostrado el economista Jaime Ros, la informalidad no es causa del bajo crecimiento, sino efecto de él. De hecho, si la informalidad fuera el freno, la economía mexicana debería estar creciendo más que nunca, pues ésta ha disminuido sistemáticamente desde 2012.
Tampoco es verdad, como sugiere The Economist, que el salario mínimo sea tan alto que esté afectando el crecimiento. Como han mostrado los economistas Raymundo Campos y Gerardo Esquivel, el incremento en el salario mínimo no han tenido efectos adversos en el empleo, la informalidad o la inflación. Por el contrario, la evidencia indica que éste pudo haber detonado el consumo.
Más aún, habría que cuestionar la premisa de que el salario mínimo es alto. Para saber si es alto, la comparación adecuada no es, como reduccionistamente plantea The Economist, el salario mediano de cotización, sino la participación de los ingresos laborales en el producto. Esta última variable hace evidente que los salarios mexicanos, incluyendo el mínimo, son proporcionalmente menores al promedio de Latinoamérica.
Los bajos salarios mexicanos no se explican, como ha simplificado The Economist, a que los trabajadores mexicanos sean poco productivos, sino a que existe un mercado laboral monopsónico, como han mostrado economistas como Chiara Cazzufi (et al.), Alejandro Estefan (et al.) y Luis Munguía.
The Economist también comete la imprecisión de sugerir que la inversión pública y privada están cayendo estrepitosamente. Las reducciones en la primera solo se explican por sus incrementos extraordinarios en 2024. En la segunda hay reducciones, sí, pero como lo ha habido en muchos periodos anteriores, incluyendo el inicio del sexenio de Peña (cuando The Economist se mostraba optimista).
También es inexacto decir que la nueva Ley de Aguas ha creado incertidumbre, cuando lo que hizo fue regular mejor un mercado acaparado e ineficiente. Tampoco es preciso decir que la energía está cada vez más en control del Estado, cuando Sheinbaum está facilitando la inversión privada más que su antecesor.
Por si fuera poco The Economist se contradice. Por un lado, critica que las empresas no paguen impuestos en la informalidad. Y por el otro, se disgusta porque el gobierno cobra adeudos fiscales empresariales.
No sería difícil que alguien dentro del equipo de la presidenta pudiera explicar todo esto. Pero no, lo único que se hace es sentar a The Economist con subsecretarios que repiten la mañanera o reafirman perogrulladas que aprendieron en la escuela hace décadas.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.